La chica que corría con el coche.
Un coche corría por la autovía decorando el alquitrán, hirviendo por el calor de agosto. La chica que lo conducía iba dentro, como es evidente –sobre todo fuera de la ficción– y pisaba el acelerador muy por encima de las posibilidades de ese trasto viejo, de motor ahogado y débil, corazón casi infartado. “Mierda, no llegaré a tiempo” se decía una y otra vez, mientras pensaba en la cita del médico a la que llegaba casi tarde. Una aura de ligero mal humor la envolvía, y además, se iba espesando a medida que el sol manchaba su cara a través del cristal delantero. Le quedaba bien el mal humor, tenía un no-se-qué humanizante y hasta divertido entre el trajín de tanta máquina. “Mierda, llego tarde” dijo, y pensó “si llego tarde no me tomarán la radiografía, y no sabré si lo que tengo es una fisura en el coxis”. Después de esto también pensó, “la palabra fisura sirve para hueso, para mineral y para objeto, debería usarla más, es más; debería usarla fuera de ese contexto”. Mientras, el co...